¿Quienes Somos Y Que Creemos?

¿Quienes Somos?
Somos una congregación de creyentes en el Señor Jesucristo y pertenecemos a Misión Cristiana Elim, cuya sede está en la Ciudad de Guatemala. Ministerios Elim, tiene como meta el ver formada la imagen de nuestro Señor Jesucristo en el creyente a través del Espíritu Santo de Dios y la predicación de la Palabra.
Ministerios Elim Sostiene:
- Que hay un solo Dios y que en su misericordia y amor envió a su hijo Jesucristo para sacrificio y substituto a favor de loa que creemos. Este sacrificio trae como fruto la salvación, la cual es obtenida por nosotros por la fé, sin ninguna intervención de obras humanas. Como parte del plan redentor, la persona del Espíritu Santo ha venido para ayudarnos y formar en nosotros la imagen del Señor Jesucristo.
- Que la Iglesia es el cuerpo Místico de Cristo y que El, el Señor, es la cabeza y único mediador entre Dios y los hombres. Para el desarrollo de este cuerpo (la Iglesia), el Señor ha depositado dentro del Cuerpo de Cristo, apóstoles, profetas, evangelistas, pastores, y maestros para que lleven a madurez, además ha permitido la manifestación y especialmente por el Espíritu. La Iglesia enseñada y guiada por los ministerios y especialmente por el Espíritu Santo, cultivará el deseo de estar con el Señor.
Visión Pastoral:
- Desarrollar al cristiano a amar a Dios, amar a su prójimo, amar a su familia y amar el ministerio
- Desarrollar un pueblo fiel, fuerte y nutrido, capaz de no abandonar al Señor ni a su familia por las circunstancias difíciles que pueden venir en esta vida y presentarlos a Dios como una iglesia santa, agradable, cuando El regrese.
- Desarrollar un pueblo para el servicio del Reino de Dios en armonía, en amor, en unidad, sin contienda ni rivalidad, en obediencia y sumisión a Dios y coberturas con humildad.
- Y compartir todo lo que Dios me dé por medio de la enseñanza y vivencia personal a los del pueblo santo que es su Iglesia para que todos juntos sepamos cual es lo bueno y lo malo delante de Dios.
¿Que Creemos?
Solo hay un Dios que es el Creador de todo cuanto existe. Dios, siendo uno es en tres personas: El Padre, El Hijo y El Espíritu Santo. No son tres dioses, ni es una sola persona. Es un solo Dios en tres personas. Es Espíritu y es Único. Él es infinito, pues no tiene límites, ni está sujeto al espacio. Es inmutable porque nunca cambia; es eterno porque no tuvo principio, ni tendrá fin, no está sujeto al tiempo. Con relación a su creación es Todo Poderoso, Omnisciente, Omnipresente y con respecto a su carácter es Amor, es Santo, Justo y Misericordioso.
El Hijo de Dios se hizo carne para salvar al hombre. En El hay dos naturalezas, la divina y la humana; es verdadero y perfecto. Dios verdadero y perfecto hombre; sus dos naturalezas son inconfundibles, inseparables e indivisibles. Jesucristo se humillo haciéndose hombre en nacimiento virginal, pero vivió sin pecado, fue a la cruz donde sufrió y murió por nuestros pecados, estuvo en el Hades y resucitó después de tres días. Apareció a sus discípulos por cuarenta días y luego ascendió al cielo donde esta sentado a la diestra del Padre e intercede por nosotros. Ver Filipenses 2:5-11.
El Espíritu Santo es Dios, enviado por el Padre para engendrar a los creyentes y residir en ellos. El Espíritu llena o controla al creyente que lo permite y esta es la única manera de vivir en santidad y de que la vida de Cristo fluya en los discípulos. Ver Romanos 8:14
Solo el Espíritu Santo puede producir el fruto de amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza; El guía al creyente en la obediencia a la voluntad de Dios y le enseña todas las cosas. El Espíritu imparte a los discípulos sus dones sobrenaturales. Ver Gálatas 5:22-23
“Mas vosotros sois linaje escogido, Real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido para que anuncies las virtudes de Aquel que os ha llamado de las tinieblas a su luz admirable”. I Pedro 2:9
- Hebreos 10:5 dice: “Por lo tanto, entrando en el mundo, El dice: Sacrificio y ofrenda no quisiste, pero me preparaste un cuerpo”.
Como sacrificio debemos entender que somos llamados a cumplir los dos mandamientos mencionados por el Señor Jesús, "Amaras a Dios sobre todas las cosas y el segundo a tu prójimo como a ti mismo."
Estos dos mandamientos nos van a mantener en la dirección correcta cuando pruebas vengan sobre nosotros. El primero contra las pruebas materiales de afuera y el segundo contra las pruebas que la misma congregación trae a nuestra vida.
Si la congregación se ha de edificar a si misma para crece, quiere decir que ella es el lugar donde vamos a ser tratados con el trato que necesitemos y también que es el lugar donde seremos restaurados
Una definición práctica de cada ministro depende del llamamiento personal de cada uno según Efesios 4:11. En general, el ministro existe para servir a Dios, sirviendo al pueblo del Señor según el don en que esté fluyendo.
En Hechos 6:4, los apóstoles delegan funciones a diáconos para poder ellos dedicarse a “la oración y en el ministerio de la Palabra”. Esto no quiere decir que el ministro se dedica solo a esto pues los mismos diáconos eran también ministros y se dedicaban a las obras que se les habían delegado como también a orar y a predicar el evangelio.
Cuando Hechos 6:4 menciona estas dos funciones de los apóstoles, orar y el ministerio de la Palabra, esta mencionando las bases sobre las cuales se llevara a cabo el propósito del ministro; que es según Efesios 4:12 es “A fin de capacitar a los santos para la obra del Ministerio, para la edificación del Cuerpo de Cristo”. Vemos entonces que, sobre las bases de oración y Palabra de Dios, el ministro capacita a los creyentes para que estos hagan el ministerio y así se edifique el Cuerpo de Cristo. El ministro capacita sirviendo, nutriendo y protegiendo. El ministro no es un empleado, es un siervo; no es un asalariado, lo hace por amor.
¿Para qué existe un ministro? Para servir y agradar a Dios, sirviendo al pueblo, orando y enseñando la Palabra, guiando y capacitando en el Ministerio
¿De qué tenemos que ser salvos? ¿Y por qué la biblia enseña de que tenemos necesidad de salvación? La Biblia nos enseña que a través del pecado el hombre (la humanidad) está separado de Dios. En el libro de Romanos nos dice que "no hay justo, ni aún uno." Y también nos dice que “Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la Gloria de Dios.” (Romanos 3:10,23). Por lo tanto fue necesario que viniera el Hijo de Dios y muriera en la cruz para pagar por nuestros pecados. En el libro de Juan el Señor Jesús dijo las siguientes palabras: “Porque de tal manera amo Dios (el Padre) al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en El cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”. “Por que no envío Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por El”. (Juan 3:15-16). La Biblia nos enseña que hay solo un camino para ser salvo. Ese camino es Cristo. “Jesús le dijo: Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre, sino por mi”. (Juan 16:6).
El Señor desea que tu también tengas vida eterna y que no te pierdas en el infierno. El ya pago el precio por tus pecados derramando su sangre en la cruz del calvario por ti. Si quieres ser salvo la Biblia nos dice “Que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levanto de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación”. (Romanos 10:9-10). Jesucristo puede cambiar tu vida. Simplemente pídele que venga y te perdone tus pecados y entre en tu corazón.
El diezmo es la manera en que el creyente transforma lo material, fruto de su trabajo, en bendiciones que el dinero no puede comprar. Al entregar al Señor el 10% de lo que hemos recibido, declaramos que el 90% restante también le pertenece a Él. Asimismo, el diezmo es un medio por el cual el creyente bendice al ministerio que lo nutre con la Palabra de Dios.
La ofrenda, a diferencia de la limosna; donde el que tiene más da al que tiene menos, nace de reconocer la grandeza de Dios y presentarle una ofrenda de alabanza expresada a través de lo material. Para el creyente, todo lo que se hace en el nombre de Jesús forma parte de su alabanza y adoración, incluyendo los diezmos y las ofrendas.